lunes, 26 de octubre de 2009

Receta de Madrugada

Tengo una libreta mágica donde a diario guardo todos los secretos del mundo. Si usted pudiera asomarse, tropezando entre los números de teléfono y las frases sueltas del concierto del viernes, me encuentra.

Y eso no lo entiende la gente.

Es que vea. Perdone, pero yo no soy el indicado para leer esto. Bueno, es que yo no sé nada de poesía, hijo. No, tampoco de cuentos. Viera que a mí no se me daba el español en el cole. No, no, deje así.

Y coño, coño, coño. Que parece que para leer hay que tirarse cuatro años de carrera, arrancarse del pecho lo que se llama humano y moverlo con cuchara doble y condimento alemán. Si lo cocina a 250 °C durantes unos veinte, veintidós minutitos le queda su juicio literario sacado del horno.

Yo leí El Principito con lo que la vida me podía regalar a los once años. Se lo juro, lo agarré. Y mejor que Saint-Exupery, disculpe la arrogancia. Porque es un libro para un niño de once años, como yo.

Si yo escribo, carajo, no es a un académico. Es a ud, don Paco, 57, dos hijos y una buena hipoteca, Silvia, 19, 81-67-74 y un noviecito muy pulpo-so, Carmencita, recepcionista, manicure de 2000 pesos y dos anillos en el anular derecho. Se lo juro es para ustedes.

Y dije, me encuentra, porque lo que sea que escribo soy yo. La cuidadosa o estúpida (porque a veces es la estupidez la palabra maestra) selección de oraciones y comas dice todo. Usted me lee y me sabe. Yo lo leo y lo sé. El que lee, sabe. Conoce.

Usted nunca va a entender esto. Porque usted no entiende eso de la poesía. Sabe qué? Si tira la piedra afuera de la Rayuela también puede jugar. Y métale un manazo en la cara al que le diga que no.

Pero si sigo con esto se me muere el tema. Igual van a leer los de siempre, comentar los de nunca y entenderlo ni yo.

Memorias.

domingo, 18 de octubre de 2009

A esta hora, hacer un marco teórico me parece absurdo, inútil, incomprensible.


Yo creo que a veces se debería leer un libro turco, sólo por el placer de leer un libro turco. Leí por ahí una frase que me impactó: “a estas alturas eso de cumplir años no se si es algo que haya precisamente que celebrar. Honestamente en lo que pienso es que ya se va a acabar el primer tiempo y que no he concretado mis opciones de gol.”

Tal vez fue el hecho de no ser una fuente literaria lo que me impresionó, fue tan real que asusta, es un golpe directo y claro a lo que uno hace todos los días, no se puede negar. Yo con 19 años me dejé de preocupar por los meses, pero últimamente siento que todo mundo se está muriendo, que ya nadie es inmortal. Meche, Felipe Granados, Maicol, Benedetti y ni qué hablar de los muertos de hace rato, hasta Roberto Bolaño con 50 años se nos murió. Se nos dificulta cada vez más mantener las ilusiones, sin esas presencias que me significaron tanto.

Uno debe vivir para descubrir las pocas cosas que importan, no dejarse engañar por un 9 en un examen, debe descubrir la satisfacción que yace en encontrar un libro inesperado, de reírse por comprender que la vida se acaba y que no hay que tener miedo.
Uno no debe salir a la calle con los mismos miedos de los demás, miedo a que un exconvicto lo mate, ni tampoco temerle a los borrachos que recién se despiertan a la pesadilla de calle josefina donde se desvanecieron a las 4 de la mañana. Uno debería temerles a los ingenieros que no terminan de comprender para qué sirven los sueños, ni terminan de entender los 5 años que perdieron sumando y algunas veces restando, cálculo no se pasa a la primera.

Hay que buscar a alguien que cree una máquina para mostrar al fantasma de la gravedad. Tache lo de los ingenieros, ellos no nos han hecho nada, son varas mías. Témale a la gravedad, esa mierda que no nos deja tocar el techo. Esa es la verdadera bola y cadena.

Son tantas las irrealidades que están en mis lugares comunes, perennes en San José, Desampa, Belén, Alajuela, irrealidades que la gente obvia. Entonces me asusto y sé cual es el verdadero miedo que tengo, que usted nunca se de cuenta de lo irreal de esta vida o como quiera llamarla.
Son tantas cosas las que nos terminan creando estas irrealidades; los relojes, las gasolineras, los parqueos en paralelo, los que no dan plata a los mendigos, los restaurantes que no Incluyen el de Venta Impuesto.

No perdamos la realidad de vivir de forma diferente, porque yo sé que vos existís.
Y además,

Aunque sea imposible no sentir
la tristeza de partir antes de tiempo,

seguiremos riendo con el último chiste,
mirando por la ventana para ver
si el tiempo sigue lluvioso.

Porque la literatura turca sí existe.