Con la proximidad de las elecciones se ha visto un cambio dentro de la postura que han tenido los políticos nacionales frente a los jóvenes, tal vez impulsado por la gran movilización que se dio durante la época del TLC. La campaña para tontos que coloca en segundo puesto a Otto por un lado. Por el otro, el “rescate” a la juventud y la inclusión de la misma en la campaña de Laura Chinchilla (en este caso agradezco a Liberación por permitirme identificar a qué compatriotas no debo acercarme). Ottón ya es un tema irrelevante en la política nacional, el tren del TLC ya se fue, así que quedó perdido en la nostalgia de los años 70s.
El cometido de esta entrada es resaltar la falsa vinculación que se les está dando a los jóvenes en esta campaña electoral y llamar a que reciban con ojo crítico la inclusión que los candidatos les ofrecen.
Desvincularnos de un medio que nos usa no es negativo, ni conformista, ni desinteresado, es consciente, directo, es obligar a los políticos a dejar la hipocresía con la que nos hablan, la falsedad con la que llegan a las universidades a frotar manos y escupir sonrisas.
Los jóvenes no estarán en la política mientras se pueda dudar de la verdadera finalidad de la política.
Así que debemos preguntarnos.
Whose politics?
El cometido de esta entrada es resaltar la falsa vinculación que se les está dando a los jóvenes en esta campaña electoral y llamar a que reciban con ojo crítico la inclusión que los candidatos les ofrecen.
Desvincularnos de un medio que nos usa no es negativo, ni conformista, ni desinteresado, es consciente, directo, es obligar a los políticos a dejar la hipocresía con la que nos hablan, la falsedad con la que llegan a las universidades a frotar manos y escupir sonrisas.
Los jóvenes no estarán en la política mientras se pueda dudar de la verdadera finalidad de la política.
Así que debemos preguntarnos.
Whose politics?
Not ours.