domingo, 8 de noviembre de 2009

Hace poco me sorprendí al despertarme enojado con San José.

Yo, con 19 años, casi 4 semestres de universidad, me siento un extranjero en mi capital. El bus es el mismo de siempre, la parada la misma. Pero no son más de 3 pasos cuando me siento perdido. Es la misma esquina por la que pasaba cuando era pequeño para ir a la Universal, pero no sé dónde están los demás. La gente pasa corriendo y no me reconocen, no saben que yo también soy de aquí, de chepe, para mí el primer mundo también es un mito, tampoco sé porqué el pasaje del bus costaba 60 y ahora cuesta casi tres tejas. Es irreal ir a su capital, estar en las esquinas (cada vez más sucias) y no poder sentirse propio, sentirse capitalino. No creo que uno deba mendigar o desmayarse en una acera para ser Josefino.

Ahora camino un poco más largo del centro, pero todavía la conciencia me dice que estoy en San José. Por aquí vivía mi abuelo, ahora ese lugar está clausurado. Recuerdo que la casa era un pasillo que conducía a 4 cuartos. En el pasillo había tortugas y plantas, en un cuarto máscaras, lo demás no importa. Duele saber que esos recuerdos fueron consumidos por una capital en drogas, por políticos negligentes, por una sociedad de memoria a corto plazo.

Yo nunca fui a que me embetunaran los zapatos, pero perseguí palomas en la Plaza de la Cultura y vi al león del Bolívar.

Ahora voy al teatro y ando en carro. No distingo las avenidas, no conozco a los borrachillos, pero a veces, cerca del Morazán, sé que por ahí ya he pasado.

1 comentario:

  1. Ese es el precio que hay que pagar por tener una capital. Y eso que no se compara con algunas "ciudades pequeñas" del primer mundo.

    ResponderEliminar