miércoles, 27 de abril de 2011

La tragedia costarricense poco tiene de mito

Como hijos de una tragedia griega, los beneficiados de AVANCEMOS tienen un proceso penal pendiente por asesinato. Pendiente porque la sociedad todavía está a la espera del crimen.

La sociedad costarricense ha velado por mantener las desigualdades y las inconsistencias dignas de una democracia latinoamericana. Manteniendo la cultura machista y las primeras en respetarla son las mujeres.

El miedo a los tribunales, a exigir lo que es suyo y de sus hijos está aumentando la demanda de becas del programa AVANCEMOS de jóvenes que no deberían necesitarlas. Esto se concibe así desde el punto de vista poco práctico del poder estatal. Discutimos que existan 75 jóvenes que solicitan becas AVANCEMOS a pesar de tener padres (recalco padres porque los dueños de los espermas son quienes se bañan en la opulencia, luego de violar a la olvidada indígena, actitud que mantienen todavía muchas mujeres costarricenses) con salarios altos.

Repetimos una y otra vez la cinta, pero los ojos no perciben más allá de la punta del índice. No contamos con la educación ni la cultura necesaria para romper los estigmas ni los temores y procurar una sociedad equitativa.

Esquilo narra en el mito de las Átridas como Agamenón, hijo de Atreo, expulsa nuevamente del trono a su tío Tiestes, partiendo a continuación, en su calidad de "Rey de Reyes" a sitiar Troya, encontrándose, a su regreso, con que su propia esposa Clitemnestra, en complicidad con Egisto, convertido ahora en su amante, no dudan en asesinarle. Posteriormente, Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra, tampoco vacilará, utilizando los criterios de una durísima venganza, en matar a su propia madre y a su amante.

Cuando estos 75 beneficiarios de AVANCEMOS estudien en el colegio las tragedias griegas dudo que comprendan por qué alguien defendería a su propio padre. Les parecerá extraño, nada más.



Fuente: La Nación

Crítica al espionaje puro de Estados Unidos o sátira sobre el uso de información por parte de la Nación

La cena ocurrió en el 2006, en un semiabandonado castillo de Rohrmoser, ese espacio del país intocable y contradictorio con cada una de sus esquinas cantonales. Un automóvil lujoso salió de la embajada americana, bajó por el bulevar de Rohrmoser y después dobló hacia la derecha. Del automóvil salió un hombre construido, de cabello rubio cliché, con una espalda amplísima (como si adentro llevara un entramado maquinal).

Los movimientos del hombre fueron duros, secos, se podría decir que el hombre solo se movía en ángulos rectos. Al atravesar el portón negro y metálico, se escuchó un crujido en el metal y el portón se acercó levemente al hombre, como si llevara un imán poderoso dentro del pecho. Al llegar a la entrada de la casa una pequeña señora, vestida de servicio, lo hizo pasar al salón principal. Los movimientos de este hombre le recordaron a la mujer a cierta ahijada de los señores de la casa, a Ele Ce, como la llaman cuando está con ellos y no quieren que se dé cuenta que hablan de ella.

Dentro lo esperaba una figura aún más pequeña, tal vez unos 2 o 3 centímetros más pequeño que la sirvienta, según constataron los ojos verdes del hombre, que contaban con un rasgo singular, una delgada franja roja alrededor y una pequeña y alargada marca negra, como la de una firma hecha sobre vidrio.

El pequeño hombre, a quien ahora llamaremos D., se levantó y de alguna forma tiró su tirada piel hasta formar una sonrisa o un esbozo de sonrisa detrás de una mueca de magia negra. A su vez la figura sólida, que llamaremos Charlie, expuso su sonrisa vectorial y constató mentalmente que el primer contacto se había dado a las 19:22.

Pasaron a cenar a eso de las ocho, según fuentes cercanas al lavado de prendas sucias de la pequeña mansión rohmosina. A ambos se le sirvió un corte grueso de carne, el de D. previamente digerido y servido en un plato hondo, y el de Charlie, jugoso y rojo, se mantuvo intacto durante toda la noche hasta que se le fue lanzado al tazón en el que comen las aves negras que viven en las cornisas picudas de la casa. Ni Charlie ni D. comentaron nada sobre las prácticas alimenticias del otro.

Las conversaciones entre ambas partes no fueron transcritas por Charlie, aunque en algún lugar deben de mantenerse todavía almacenadas.

Cuando D. terminó de comer dijo a Charlie que volvieran al salón para continuar la conversación y estar más cómodos. Al llegar al salón, la chimenea había sido prendida y junto al asiento de D. estaba una pequeña pipa color café. Charlie rápidamente sacó un pequeño cigarro y comenzó a fumar, había sido instruido sobre estas prácticas culturales y no debía desentonar. Ofreció su encendedor a D., pero éste le dijo que no era necesario, que él no fumaba, que esto solo lo utilizaba porque le gustaban las burbujas y lo hacía verse más interesante. Charlie no comprendió lo que D. quería decir, hasta que éste se sentó y sopló a través de su pipa. Burbujas celestes volaron a través de la habitación y estallaron contra las rodillas y los hombros de Charlie, siempre respetando la simetría de los 90 grados.

Continuaron las conversaciones, que bien no sabemos de qué trataron ya que las personas de servicio de dicha casa deben presentar ciertas condiciones médicas previas a su contratación, una de estas siendo una leve flaqueza auditiva. Aunque lo que nunca han logrado conseguir son sirvientes con la vista reducida al mismo nivel que el oído, sin que por esta condición se volviesen inútiles para el trabajo. Gracias a esto es que se consiguió la información correspondiente a esta cena tan ilustre entre el rectangular Charlie y el ya demasiado adulto D.

Los movimientos de D. lo hacían parecer una marioneta accionada por una mano envejecida y casi extinta, también su lenta forma de hablar lo hacían parecer mayor de lo que sus registros decían. Las acciones y los datos no eran simétricos, esto era improcedente para el sistema americano de Charlie.

A eso de las diez de la noche, señalan que D. se había quedado dormido en su sillón, Charlie se mantuvo en silencio al ver que D. cabeceaba, a la espera de que éste por fin se durmiera. Una vez conseguido esto se levantó y subió al segundo piso. Los zapatos negros brillantes no solo le daban ese aspecto elegante que se debe llevar para reunirse con D., también permitían desplazarse sin hacer mucho ruido.

Así llegó hasta la última fila de habitaciones del segundo piso, donde sabía que vivía el Dos. Suavemente abrió la gruesa puerta de madera, caoba como identificó el tacto programado de Charlie. Adentro estaba la figura tosca y gruesa del Dos, figura paralela a D. El cuarto estaba lleno de planos rallados, de libros abiertos y de una tiza roja que usaba para pintar en una pizarra blanca ubicada al extremo de la habitación, junto a una especie de trono, sumamente brillante, evidentemente pulido hacía menos de una hora. También había calculadoras por todas partes, digitales y humanas, estas últimas, un par de figuras borrosas se veían al fondo de la habitación. Charlie no estaba encargado de averiguar información sobre el Dos, así que cerró rápidamente la puerta. Charlie había ido hasta su habitación por una poco natural curiosidad, poco natural en los objetos de su tipo.

Continuó hasta la habitación de D., donde debía recoger una muestra de su cabello y tomar un par de fotografías, así daría por concluida su misión en esta casa o mansión o castillo o recinto geriátrico. La luz estaba casi apagada en este extremo del pasillo, así que Charlie, luego de rozarse levemente las cejas, emitió una intensa luz verde de sus ojos, iluminando el pasillo hasta la puerta del cuarto de D.

Abrió la puerta y mantuvo la mirada en el piso hasta haber cruzado la puerta, no quería que su luz alertara a ningún sirviente de que alguien andaba rondando los pasillos del segundo piso. Al levantar la cabeza y dirigir su mirada, haz de luz verde incluido, todo comenzó a ir mal para Charlie. La luz rebotó en un espejo, con molduras y decoraciones de oro, luego en otro, éste con marco de madera, luego en uno más pequeño, con pequeños diamantes que formaban el año de su nacimiento, y luego en otro y otro, aumentando su intensidad, cruzando las paredes amplias y altas del cuarto, hasta caer toda la luz sobre Charlie, cegándolo. El calor en el cuarto lo sujetaba de los tobillos, derritiéndole la cerosa piel hasta mostrar lo que corría por debajo, un cableado negro y verde y rojo y amarillo, como un tejido complicado, una red subcutánea de información y electricidad.

Como pudo, Charlie llegó al baño del primer piso, el único del que conocía su ubicación, para intentar enfriar su cuerpo con un poco de agua fría. Su cableado impermeable resistiría la suave mano del agua, pero para llegar hasta ella debería arrastrarse, caminar hincado como lo haría Ele Ce años después, para llegar al agua bendita que impidiera que su cuerpo terminara de derretirse.

Lo logró, tuvo que rodar al bajar por las escaleras, hizo más ruido del deseado al arrastrar sus duras rodillas por la cerámica del primer piso, pero ahora ya estaba frente al agua y al tubo que la servía en un tazón enorme y plateado con el que Charlie podría evitar que su cuerpo se sobrecalentara hasta estallar (si lo hubiera hecho, tal vez hubiera ayudado más al país, volándose la casa y al Dos y a D. consigo).

Charlie perdió la noción del tiempo y no logró abrir la puerta del baño por más que lo intentó. El saco y la corbata se habían vuelto demasiado pesados para su cuerpo ya que en estos llevaba interconectado el sistema de grabación de audio y video necesario para la recolección de información durante la cena y velada con D. Charlie se mantuvo de espaldas a la puerta, todavía humedeciendo sus brazos en la ducha, cuando la puerta comenzó a abrirse suavemente.

Algún rato después, la cabeza fina y temerosa de la encargada del servicio nocturno en la casa se asomó y vio algo que nunca esperó ver, por más ilustre que fueran los inquilinos de la casa. El Dos sujetaba a Charlie en la tina del baño e ingresaba una serie de cables a la cabeza del hombre, que ya no era hombre, sino un casco metálico con dos pequeños ojos que se movían rápidamente a través de la habitación. D. veía todo desde una esquina del baño, a veces comentaba algo o daba una indicación, pero parecía todo llevar un ritmo relativamente común para los dos. Como si fuera algo recurrente en esa casa, la invasión de criaturas metálicas con agendas internacionales.

Dicen, esto voces externas a la casa, que a la mañana siguiente alguien dejó un bulto metálico adulterado y una bolsa de café calidad Premium frente a la embajada americana, como regalo para el embajador. Esto no lo podemos confirmar, la última información fidedigna que tenemos de la velada es la de la sirvienta que encontró al Dos con Charlie, al entrar a dejar toallas de baño limpias, blancas y con un elegante bordado dorado del nombre Dióscar.

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[La filtración masiva de información por parte de Wikileaks nos permite contar con respaldo a la hora de burlarnos del ex presidente Arias, pero mucho más importante que esto, contamos con las pruebas que demuestran la sistemática labor de espionaje realizada por personal diplomático estadounidense. Es hora de que los latinoamericanos nos replanteemos a quien invitamos a almorzar a nuestro bello jardín.]



Juan José Muñoz Knudsen

domingo, 20 de diciembre de 2009

Alta traición

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos,
bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas-
y tres o cuatro ríos.


José Emilio Pacheco

domingo, 29 de noviembre de 2009

Jóvenes, Política y Bullshit

Con la proximidad de las elecciones se ha visto un cambio dentro de la postura que han tenido los políticos nacionales frente a los jóvenes, tal vez impulsado por la gran movilización que se dio durante la época del TLC. La campaña para tontos que coloca en segundo puesto a Otto por un lado. Por el otro, el “rescate” a la juventud y la inclusión de la misma en la campaña de Laura Chinchilla (en este caso agradezco a Liberación por permitirme identificar a qué compatriotas no debo acercarme). Ottón ya es un tema irrelevante en la política nacional, el tren del TLC ya se fue, así que quedó perdido en la nostalgia de los años 70s.

El cometido de esta entrada es resaltar la falsa vinculación que se les está dando a los jóvenes en esta campaña electoral y llamar a que reciban con ojo crítico la inclusión que los candidatos les ofrecen.

Desvincularnos de un medio que nos usa no es negativo, ni conformista, ni desinteresado, es consciente, directo, es obligar a los políticos a dejar la hipocresía con la que nos hablan, la falsedad con la que llegan a las universidades a frotar manos y escupir sonrisas.

Los jóvenes no estarán en la política mientras se pueda dudar de la verdadera finalidad de la política.

Así que debemos preguntarnos.

Whose politics?


Not ours.

domingo, 15 de noviembre de 2009

De buscar y buscando

Si hoy escribo es porque los cuentacuentos, la ropa americana, las fiestas improvisadas y la columna de Rodolfo Arias Formoso (que de paso escribió el mejor libro de la literatura costarricense reciente).

Yo les cuento una cosa: la Universidad puede enseñar mucho. Pero la mayoría de las cosas se aprende fuera de las aulas. Son como pedacitos de cosas que se van juntando hasta que un día todo es claro. Pero hay que buscarlos y se esconden en los lugares más maravilloso.

El sótano de música es increíble. O el Sex-to piso del Edificio de Sociales. Hay dos mesas por la Escuela de Microbiología que son el éxito. Unos amigos se inventaron la Teoría Marítima del Amor una noche que estaban sentados espalda con espalda en el pretil. O el árbol estúpidamente cool que hay frente a Económicas. Mi favorito es el puente entre Derecho y la Federación.

Lo triste son los miles que pasan por la Universidad y apenas conocen un par de clases, creen que por perderse en Letras y decir "Narnia" en la Carlos Monge ya saben qué es la UCR. Digo, no es como que yo sepa, la prueba es la cantidad limitada de ejemplos de lugares cool que pude nombrar.

Y esto es solo en el microcosmos que es la Universidad de Costa Rica, sede Rodrigo Facio Brenes. Faltan las terracitas escondidas en las casas centenarias de San José, una o dos fincas ocultas en las faldas de Heredia, la muchacha que siempre te espera (no, no es la Maga) en un lugar diferente que ninguno sabe pero ambos llegan a saber. Y afuera está el Mundo.

Y aún peor, si ustedes leyeron este post y se sentían bien porque eran parte de esos maes super tuanis que si ven esos pequeños detalles y se identifican con la publicidad de Hershey's, les tengo que contar algo: la cagada es pensar que saliendo al Mundo vamos a encontrarlo.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Hace poco me sorprendí al despertarme enojado con San José.

Yo, con 19 años, casi 4 semestres de universidad, me siento un extranjero en mi capital. El bus es el mismo de siempre, la parada la misma. Pero no son más de 3 pasos cuando me siento perdido. Es la misma esquina por la que pasaba cuando era pequeño para ir a la Universal, pero no sé dónde están los demás. La gente pasa corriendo y no me reconocen, no saben que yo también soy de aquí, de chepe, para mí el primer mundo también es un mito, tampoco sé porqué el pasaje del bus costaba 60 y ahora cuesta casi tres tejas. Es irreal ir a su capital, estar en las esquinas (cada vez más sucias) y no poder sentirse propio, sentirse capitalino. No creo que uno deba mendigar o desmayarse en una acera para ser Josefino.

Ahora camino un poco más largo del centro, pero todavía la conciencia me dice que estoy en San José. Por aquí vivía mi abuelo, ahora ese lugar está clausurado. Recuerdo que la casa era un pasillo que conducía a 4 cuartos. En el pasillo había tortugas y plantas, en un cuarto máscaras, lo demás no importa. Duele saber que esos recuerdos fueron consumidos por una capital en drogas, por políticos negligentes, por una sociedad de memoria a corto plazo.

Yo nunca fui a que me embetunaran los zapatos, pero perseguí palomas en la Plaza de la Cultura y vi al león del Bolívar.

Ahora voy al teatro y ando en carro. No distingo las avenidas, no conozco a los borrachillos, pero a veces, cerca del Morazán, sé que por ahí ya he pasado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

No, no tengo miedo

Cuando a uno, a esta edad, le preguntan que por quién va a votar, le encanta explayarse sobre el campo entero de la política, de principio a fin, y crear discursos enormes sobre quién se merece el voto, quién no, quién hará bien, quién no. Como en un partido de fútbol de la selección nacional, o la menor que está de moda (hasta que la Sele mayor gane un partido y de nuevo hablemos de ella como el mejor equipo del mundo), todos somos entrenadores –antes y después del 4 a 1. Así que nadie vote por Laura Chinchilla, por favor. Ni por Ottón. Otto ni hablar. Sí, sigamos otro día, que tengo clases.

La verdad es que no, no sabemos nada de política, de la verdad. No sabemos nada de negocios reales, diplomacia real, protesta real, “realidad nacional” (ese término me encanta, es feo, trillado y no tiene contenido). Decime vos, ¿qué sabés de todo eso? Ahí está, lo dije. Orgulloso estudiante de Ciencias Sociales que no tenés idea de nada del mundo, te vas a poner a hablar de política real y a hablar de cómo debería ser la próxima movida del gobierno. Mirá, mejor hablemos de otra cosa. Leamos a los clásicos, mejor (y sí, de esto te hablo ahora, de por sí puedo llegar tarde a la clase, el profe nunca se da cuenta).

No es conformismo, para nada. Es solo una frase de grafiti la que explica todo: “Fight the real enemy”. Y enemigos reales, de esos sí que hay muchos, demasiados, incontables. Empezá a enumerarlos y verás que no poner la X (antes el pulgar, eso sí daba una sensación de poder) en Esta o el Otro no va a solucionar gran cosa. Todo eso, la política de lobby, la Asamblea Legislativa con sus cincuenta y siete diputados, la Casa Presidencial con sus barreritas anaranjadas para que nadie se estacione enfrente, el traspaso de banda y no necesariamente de poderes. Todo eso: curitas, parches, corrector líquido, nudos de boy scout pero nudos al fin y al cabo. ¿Qué creés, que con que gane Laura (acá, en otro país, el que sea, decí el nombre que querás; ¿Obama? Ok, sí, Obama debería ser presidente del mundo, pero sería lo mismo) se acabará el hambre en el mundo? ¿No habrá más esclavitud? ¿No morirán más mujeres en Guatemala o Ciudad Juárez? ¿No serán ahorcados más homosexuales en Irán? No. Eso va a seguir. Indefinidamente. Fight the real enemy.

Echémosle la culpa a quien queramos. Si eso te basta, está bien, digo, es una ruta segura, no vas a sufrir, te lo garantizo. Ejemplo de caso. Estados Unidos y su política exterior. “Odio a los hijueputas gringos”. Yo no, ¿sabés? Te confieso: cuando oigo a Peter, Paul & Mary me siento taaan American. That land is my land, too. From California to the New York Island. Ni hablar de Where have all the flowers gone?, eso merece otro post. Me hace recuperar un poco la fe en la humanidad y todo eso.

Pero te voy a decir quién sí me hace sentir bien, me hace sentir como si pudiera hacer algo. Joan Baez. Cantando We shall overcome. We shall overcome. Some day. Oh, deep in my heart I do believe, we shall overcome some day. Nosotros venceremos, ¿sabés? We shall live in peace, some day. Y sobre todas las cosas, cuando esa voz delicadísima grita al vacío: We are not afraid, we are not afraid, we are not afraid, TODAY. Nosotros vamos a vencer. No los que hablamos de política y citamos a todos los candidatos y podemos hacer un F.O.D.A. de cada uno, sino los otros. No me incluyo. A veces, cuando oigo estas canciones, sí. Nosotros los que no tenemos miedo. Juan Pablo II: “No tengan miedo”. Preguntáselo a un polaco que viviera allá cuando él visitó su patria. Preguntáselo al “Rebelde Desconocido” de la Plaza de Tiannamen. A Rosa Parks, a Abraham, Martin & John, a Harvey Milk, a Mahatma Gandhi, a etc. Nadie es un santo. Pero cantalo.

We are not afraid, we are not afraid, we are not afraid, TODAY.

(Antes de decirme infantil, oíla).