domingo, 20 de diciembre de 2009

Alta traición

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos,
bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas-
y tres o cuatro ríos.


José Emilio Pacheco

domingo, 29 de noviembre de 2009

Jóvenes, Política y Bullshit

Con la proximidad de las elecciones se ha visto un cambio dentro de la postura que han tenido los políticos nacionales frente a los jóvenes, tal vez impulsado por la gran movilización que se dio durante la época del TLC. La campaña para tontos que coloca en segundo puesto a Otto por un lado. Por el otro, el “rescate” a la juventud y la inclusión de la misma en la campaña de Laura Chinchilla (en este caso agradezco a Liberación por permitirme identificar a qué compatriotas no debo acercarme). Ottón ya es un tema irrelevante en la política nacional, el tren del TLC ya se fue, así que quedó perdido en la nostalgia de los años 70s.

El cometido de esta entrada es resaltar la falsa vinculación que se les está dando a los jóvenes en esta campaña electoral y llamar a que reciban con ojo crítico la inclusión que los candidatos les ofrecen.

Desvincularnos de un medio que nos usa no es negativo, ni conformista, ni desinteresado, es consciente, directo, es obligar a los políticos a dejar la hipocresía con la que nos hablan, la falsedad con la que llegan a las universidades a frotar manos y escupir sonrisas.

Los jóvenes no estarán en la política mientras se pueda dudar de la verdadera finalidad de la política.

Así que debemos preguntarnos.

Whose politics?


Not ours.

domingo, 15 de noviembre de 2009

De buscar y buscando

Si hoy escribo es porque los cuentacuentos, la ropa americana, las fiestas improvisadas y la columna de Rodolfo Arias Formoso (que de paso escribió el mejor libro de la literatura costarricense reciente).

Yo les cuento una cosa: la Universidad puede enseñar mucho. Pero la mayoría de las cosas se aprende fuera de las aulas. Son como pedacitos de cosas que se van juntando hasta que un día todo es claro. Pero hay que buscarlos y se esconden en los lugares más maravilloso.

El sótano de música es increíble. O el Sex-to piso del Edificio de Sociales. Hay dos mesas por la Escuela de Microbiología que son el éxito. Unos amigos se inventaron la Teoría Marítima del Amor una noche que estaban sentados espalda con espalda en el pretil. O el árbol estúpidamente cool que hay frente a Económicas. Mi favorito es el puente entre Derecho y la Federación.

Lo triste son los miles que pasan por la Universidad y apenas conocen un par de clases, creen que por perderse en Letras y decir "Narnia" en la Carlos Monge ya saben qué es la UCR. Digo, no es como que yo sepa, la prueba es la cantidad limitada de ejemplos de lugares cool que pude nombrar.

Y esto es solo en el microcosmos que es la Universidad de Costa Rica, sede Rodrigo Facio Brenes. Faltan las terracitas escondidas en las casas centenarias de San José, una o dos fincas ocultas en las faldas de Heredia, la muchacha que siempre te espera (no, no es la Maga) en un lugar diferente que ninguno sabe pero ambos llegan a saber. Y afuera está el Mundo.

Y aún peor, si ustedes leyeron este post y se sentían bien porque eran parte de esos maes super tuanis que si ven esos pequeños detalles y se identifican con la publicidad de Hershey's, les tengo que contar algo: la cagada es pensar que saliendo al Mundo vamos a encontrarlo.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Hace poco me sorprendí al despertarme enojado con San José.

Yo, con 19 años, casi 4 semestres de universidad, me siento un extranjero en mi capital. El bus es el mismo de siempre, la parada la misma. Pero no son más de 3 pasos cuando me siento perdido. Es la misma esquina por la que pasaba cuando era pequeño para ir a la Universal, pero no sé dónde están los demás. La gente pasa corriendo y no me reconocen, no saben que yo también soy de aquí, de chepe, para mí el primer mundo también es un mito, tampoco sé porqué el pasaje del bus costaba 60 y ahora cuesta casi tres tejas. Es irreal ir a su capital, estar en las esquinas (cada vez más sucias) y no poder sentirse propio, sentirse capitalino. No creo que uno deba mendigar o desmayarse en una acera para ser Josefino.

Ahora camino un poco más largo del centro, pero todavía la conciencia me dice que estoy en San José. Por aquí vivía mi abuelo, ahora ese lugar está clausurado. Recuerdo que la casa era un pasillo que conducía a 4 cuartos. En el pasillo había tortugas y plantas, en un cuarto máscaras, lo demás no importa. Duele saber que esos recuerdos fueron consumidos por una capital en drogas, por políticos negligentes, por una sociedad de memoria a corto plazo.

Yo nunca fui a que me embetunaran los zapatos, pero perseguí palomas en la Plaza de la Cultura y vi al león del Bolívar.

Ahora voy al teatro y ando en carro. No distingo las avenidas, no conozco a los borrachillos, pero a veces, cerca del Morazán, sé que por ahí ya he pasado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

No, no tengo miedo

Cuando a uno, a esta edad, le preguntan que por quién va a votar, le encanta explayarse sobre el campo entero de la política, de principio a fin, y crear discursos enormes sobre quién se merece el voto, quién no, quién hará bien, quién no. Como en un partido de fútbol de la selección nacional, o la menor que está de moda (hasta que la Sele mayor gane un partido y de nuevo hablemos de ella como el mejor equipo del mundo), todos somos entrenadores –antes y después del 4 a 1. Así que nadie vote por Laura Chinchilla, por favor. Ni por Ottón. Otto ni hablar. Sí, sigamos otro día, que tengo clases.

La verdad es que no, no sabemos nada de política, de la verdad. No sabemos nada de negocios reales, diplomacia real, protesta real, “realidad nacional” (ese término me encanta, es feo, trillado y no tiene contenido). Decime vos, ¿qué sabés de todo eso? Ahí está, lo dije. Orgulloso estudiante de Ciencias Sociales que no tenés idea de nada del mundo, te vas a poner a hablar de política real y a hablar de cómo debería ser la próxima movida del gobierno. Mirá, mejor hablemos de otra cosa. Leamos a los clásicos, mejor (y sí, de esto te hablo ahora, de por sí puedo llegar tarde a la clase, el profe nunca se da cuenta).

No es conformismo, para nada. Es solo una frase de grafiti la que explica todo: “Fight the real enemy”. Y enemigos reales, de esos sí que hay muchos, demasiados, incontables. Empezá a enumerarlos y verás que no poner la X (antes el pulgar, eso sí daba una sensación de poder) en Esta o el Otro no va a solucionar gran cosa. Todo eso, la política de lobby, la Asamblea Legislativa con sus cincuenta y siete diputados, la Casa Presidencial con sus barreritas anaranjadas para que nadie se estacione enfrente, el traspaso de banda y no necesariamente de poderes. Todo eso: curitas, parches, corrector líquido, nudos de boy scout pero nudos al fin y al cabo. ¿Qué creés, que con que gane Laura (acá, en otro país, el que sea, decí el nombre que querás; ¿Obama? Ok, sí, Obama debería ser presidente del mundo, pero sería lo mismo) se acabará el hambre en el mundo? ¿No habrá más esclavitud? ¿No morirán más mujeres en Guatemala o Ciudad Juárez? ¿No serán ahorcados más homosexuales en Irán? No. Eso va a seguir. Indefinidamente. Fight the real enemy.

Echémosle la culpa a quien queramos. Si eso te basta, está bien, digo, es una ruta segura, no vas a sufrir, te lo garantizo. Ejemplo de caso. Estados Unidos y su política exterior. “Odio a los hijueputas gringos”. Yo no, ¿sabés? Te confieso: cuando oigo a Peter, Paul & Mary me siento taaan American. That land is my land, too. From California to the New York Island. Ni hablar de Where have all the flowers gone?, eso merece otro post. Me hace recuperar un poco la fe en la humanidad y todo eso.

Pero te voy a decir quién sí me hace sentir bien, me hace sentir como si pudiera hacer algo. Joan Baez. Cantando We shall overcome. We shall overcome. Some day. Oh, deep in my heart I do believe, we shall overcome some day. Nosotros venceremos, ¿sabés? We shall live in peace, some day. Y sobre todas las cosas, cuando esa voz delicadísima grita al vacío: We are not afraid, we are not afraid, we are not afraid, TODAY. Nosotros vamos a vencer. No los que hablamos de política y citamos a todos los candidatos y podemos hacer un F.O.D.A. de cada uno, sino los otros. No me incluyo. A veces, cuando oigo estas canciones, sí. Nosotros los que no tenemos miedo. Juan Pablo II: “No tengan miedo”. Preguntáselo a un polaco que viviera allá cuando él visitó su patria. Preguntáselo al “Rebelde Desconocido” de la Plaza de Tiannamen. A Rosa Parks, a Abraham, Martin & John, a Harvey Milk, a Mahatma Gandhi, a etc. Nadie es un santo. Pero cantalo.

We are not afraid, we are not afraid, we are not afraid, TODAY.

(Antes de decirme infantil, oíla).

lunes, 26 de octubre de 2009

Receta de Madrugada

Tengo una libreta mágica donde a diario guardo todos los secretos del mundo. Si usted pudiera asomarse, tropezando entre los números de teléfono y las frases sueltas del concierto del viernes, me encuentra.

Y eso no lo entiende la gente.

Es que vea. Perdone, pero yo no soy el indicado para leer esto. Bueno, es que yo no sé nada de poesía, hijo. No, tampoco de cuentos. Viera que a mí no se me daba el español en el cole. No, no, deje así.

Y coño, coño, coño. Que parece que para leer hay que tirarse cuatro años de carrera, arrancarse del pecho lo que se llama humano y moverlo con cuchara doble y condimento alemán. Si lo cocina a 250 °C durantes unos veinte, veintidós minutitos le queda su juicio literario sacado del horno.

Yo leí El Principito con lo que la vida me podía regalar a los once años. Se lo juro, lo agarré. Y mejor que Saint-Exupery, disculpe la arrogancia. Porque es un libro para un niño de once años, como yo.

Si yo escribo, carajo, no es a un académico. Es a ud, don Paco, 57, dos hijos y una buena hipoteca, Silvia, 19, 81-67-74 y un noviecito muy pulpo-so, Carmencita, recepcionista, manicure de 2000 pesos y dos anillos en el anular derecho. Se lo juro es para ustedes.

Y dije, me encuentra, porque lo que sea que escribo soy yo. La cuidadosa o estúpida (porque a veces es la estupidez la palabra maestra) selección de oraciones y comas dice todo. Usted me lee y me sabe. Yo lo leo y lo sé. El que lee, sabe. Conoce.

Usted nunca va a entender esto. Porque usted no entiende eso de la poesía. Sabe qué? Si tira la piedra afuera de la Rayuela también puede jugar. Y métale un manazo en la cara al que le diga que no.

Pero si sigo con esto se me muere el tema. Igual van a leer los de siempre, comentar los de nunca y entenderlo ni yo.

Memorias.

domingo, 18 de octubre de 2009

A esta hora, hacer un marco teórico me parece absurdo, inútil, incomprensible.


Yo creo que a veces se debería leer un libro turco, sólo por el placer de leer un libro turco. Leí por ahí una frase que me impactó: “a estas alturas eso de cumplir años no se si es algo que haya precisamente que celebrar. Honestamente en lo que pienso es que ya se va a acabar el primer tiempo y que no he concretado mis opciones de gol.”

Tal vez fue el hecho de no ser una fuente literaria lo que me impresionó, fue tan real que asusta, es un golpe directo y claro a lo que uno hace todos los días, no se puede negar. Yo con 19 años me dejé de preocupar por los meses, pero últimamente siento que todo mundo se está muriendo, que ya nadie es inmortal. Meche, Felipe Granados, Maicol, Benedetti y ni qué hablar de los muertos de hace rato, hasta Roberto Bolaño con 50 años se nos murió. Se nos dificulta cada vez más mantener las ilusiones, sin esas presencias que me significaron tanto.

Uno debe vivir para descubrir las pocas cosas que importan, no dejarse engañar por un 9 en un examen, debe descubrir la satisfacción que yace en encontrar un libro inesperado, de reírse por comprender que la vida se acaba y que no hay que tener miedo.
Uno no debe salir a la calle con los mismos miedos de los demás, miedo a que un exconvicto lo mate, ni tampoco temerle a los borrachos que recién se despiertan a la pesadilla de calle josefina donde se desvanecieron a las 4 de la mañana. Uno debería temerles a los ingenieros que no terminan de comprender para qué sirven los sueños, ni terminan de entender los 5 años que perdieron sumando y algunas veces restando, cálculo no se pasa a la primera.

Hay que buscar a alguien que cree una máquina para mostrar al fantasma de la gravedad. Tache lo de los ingenieros, ellos no nos han hecho nada, son varas mías. Témale a la gravedad, esa mierda que no nos deja tocar el techo. Esa es la verdadera bola y cadena.

Son tantas las irrealidades que están en mis lugares comunes, perennes en San José, Desampa, Belén, Alajuela, irrealidades que la gente obvia. Entonces me asusto y sé cual es el verdadero miedo que tengo, que usted nunca se de cuenta de lo irreal de esta vida o como quiera llamarla.
Son tantas cosas las que nos terminan creando estas irrealidades; los relojes, las gasolineras, los parqueos en paralelo, los que no dan plata a los mendigos, los restaurantes que no Incluyen el de Venta Impuesto.

No perdamos la realidad de vivir de forma diferente, porque yo sé que vos existís.
Y además,

Aunque sea imposible no sentir
la tristeza de partir antes de tiempo,

seguiremos riendo con el último chiste,
mirando por la ventana para ver
si el tiempo sigue lluvioso.

Porque la literatura turca sí existe.